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Quito Nuevo Moderno Pero Aun Conserva Su Toque Colonial Bienvenidos A Esta Ciudad. ...
Mostrando entradas con la etiqueta conociendo quito. Mostrar todas las entradas
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A Tour of the Historic Centre of Quito Un Viaje por el centro historico de quito 2013
La hermosa ciudad de Quito, tantas maravillas en un solo lugar, gracias
Augusto Barrera por todo el trabajo que ahora rinde frutos, esta ciudad
no sería nada sin tu espléndida administración y tu gran visión como
quiteño de corazón, aquí todos te apoyamos VIVA BARRERA ALCALDE 2014 y
VIVA LA REVOLUCIÓN CIUDADANA
Fuimos Heroes Pelicula Gratis Latino Audio Free Incondicional Pelicula Audio Latino Movie gratis ver
Se trata del primer largometraje que dirige Brent McCorcle, quien
también ha escrito y editado el film. Sin embargo, ya tiene experiencia
en el mundo audiovisual, pues ha realizado varios cortometrajes, entre
ellos 'The Rift', que le hizo ganador en 2009 del festival online
Doorpost Film Project.
.
We Were Soldiers (título en español Cuando éramos soldados, Fuimos soldados o Fuimos héroes en Argentina y México respectivamente) es una película bélica estrenada el año 2002 que dramatiza la Batalla de Ia Drang de noviembre de 1965, el primer encuentro de envergadura entre el Ejército de Estados Unidos y el Ejército de Vietnam del Norte y Viet Cong en la guerra de Vietnam. La película fue dirigida por Randall Wallace y protagonizada por Mel Gibson. Está basada en el libro We Were Soldiers Once ... And Young del teniente general Harold Gregory "Hal" Moore, Jr. y el periodista Joseph L. Galloway, ambos presentes en la batalla.
Pelicula La Maldicion de chucky movie Rush Pelicula Audo latino
La Maldición de Chucky), o conocida como Chucky El Muñeco Diabólico 6 es una película de terror en la serie de Chucky. La película se sitúa cronológicamente después de la quinta entrega. La película fue escrita, dirigida y producida por Don Mancini. El rodaje comenzó en septiembre de 2012 en Canadá y será lanzada el 8 de Octubre de 2013
Rush es una película de acción estadounidense, dirigida por Ron Howard, escrita por Peter Morgan y protagonizada por los actores Chris Hemsworth y Daniel Brühl, que interpretan a los pilotos de Fórmula 1 James Hunt y Niki Lauda.
Se basa en la temporada de Fórmula 1 de 1976 y el duelo entre los pilotos Niki Lauda y James Hunt. La película se espera que sea estrenada el 20 de septiembre de 2013
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.
Fist of Fury ("Puños de Furia" o "Furia Oriental" o "La Conexión China") fue la segunda película de Bruce Lee con la Golden Harvest.
Gracias al éxito de The Big Boss,
la Golden Harvest produce esta película con un mayor presupuesto a la
anterior. Sin embargo Bruce Lee no queda contento con la dirección de Lo
Wei ya que se quejaba del desinterés manifiesto del director en el
plató (parece ser que este último oía la radio durante el rodaje), por
lo que lo despide. Lee se encargaría de la dirección de su siguiente
película Way of the Dragon.
Enter the Dragon ("Operación Dragón") es la película más importante de Bruce Lee,
estrenada en Hong Kong una semana después de su fallecimiento, y en
Estados Unidos dos semanas más tarde. Con esta película él se hizo
famoso en Estados Unidos y todo Occidente.
Gracias a este film comenzó el furor y la avidez por las películas de Kung Fu de los 70 y 80 que invadieron el mercado occidental. Se desató además un culto a Bruce Lee que hoy en día aún se percibe en los gimnasios dedicados a las artes marciales.
Gracias a este film comenzó el furor y la avidez por las películas de Kung Fu de los 70 y 80 que invadieron el mercado occidental. Se desató además un culto a Bruce Lee que hoy en día aún se percibe en los gimnasios dedicados a las artes marciales.
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Pelicula Karate de la muerte en bangkok movie free Circulos Oscuros Dark Circles
Dark Circles is a 2012 horror film starring Philippe Brenninkmeyer and Jennifer Foreman.
- Philippe Brenninkmeyer as Michael
- Jennifer Foreman as Nancy
- Andrea Frankle as Johanna
- Pell James as Penny
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The Big Boss ("El Gran Jefe" o "Karate a Muerte en Bangkok") fue la primera película que Bruce Lee
hizo con la Golden Harvest, y que lo colocó en el camino del
estrellato. Fue rodada en Tailandia con condiciones infrahumanas debido a
su ínfimo presupuesto, sin embargo se convirtió en el primer éxito de
Bruce Lee en Hong Kong rompiendo récords de taquilla.
Quito Fotos Leyendas Mitos Historias Capital de Ecuador
Mariangula
La historia cuenta sobre una niña de una edad de 14 años, su madre vendía tripa mishqui, (es una comida tradicional que son tripas de res y se las pone sobre un brasero con carbón caliente para que vaya cociéndose lentamente, de los cual bota un aroma penetrante), esto se lo vende en una de las esquina de la ciudad colonial en Quito.
En una ocasión la madre de Mariangula mandó a comprar tripas, pero como esta niña era muy inquieta se fue a jugar con sus amigos e hizo caso omiso al mandado de su madre y para colmo se gastó el dinero para la compra de las tripas.
La niña preocupada por lo sucedido se imaginaba que su madre le iba a pegar.
Entre la preocupación de la Mariangula que caminaba por las calles paso por el cementerio, y se le ocurrió la macabra idea de sacarle las tripas de uno de los muertos que recién lo habían enterrado las sacó y las llevo a su mamá para que las vendiera y en efecto logro su objetivo para no ser castigada, las tripas se vendieron muy bien cosa que a todo el que compraba le gusto y en algunos casos se repitieron.
Ya en horas de las noche, en casa donde vivía con su familia era una casa tradicional de dos pisos como las que hay en Quito colonial, Mariangula se acordaba de lo que había hecho. Cuando de repente escucho la puerta que se abrió fuertemente, ero lo trágico es que ella era la única que escuchaba aquellos ruidos y los demás seguían muy dormidos como si no pasaba nada, a pesar de los muchos ruidos que se escuchaba en la casa.
Cuando los ruidos era muy fuertes y se podían escuchar con claridad puso mucha atención que decían:" Marianguuula , dame mis tripas y mi pusún que te robaste de mi santa sepultura"
Aquella voz se escuchaba cada vez más cerca de su habitación y Mariangula se iba poniendo muy asustada ya que se escuchaba los pasos que subían por las escaleras y la voz se hacía más fuerte:"Marianguuula, dame mis tripas y mi pusún que me robaste de mi santa sepultura".
Ella se ponía pensaba sobre lo que hizo y como que podía hacer para salvarse y en especial qué es lo que le iban hacer estos seres. Cuando de repente encontró una navaja o cuchillo y se cortó su estómago. Cuando los seres entraron a la habitación de Mariangula estaba con sus tripas regadas en la cama muriéndose lentamente y estos seres desaparecieron.
Se dice que la madre de Mariangula vende ahora"carne en palito" en lugar de tripa mishqui el chuzo o palito le sirve a Mariangula para defenderse de los fantasmas.
La historia cuenta sobre una niña de una edad de 14 años, su madre vendía tripa mishqui, (es una comida tradicional que son tripas de res y se las pone sobre un brasero con carbón caliente para que vaya cociéndose lentamente, de los cual bota un aroma penetrante), esto se lo vende en una de las esquina de la ciudad colonial en Quito.
En una ocasión la madre de Mariangula mandó a comprar tripas, pero como esta niña era muy inquieta se fue a jugar con sus amigos e hizo caso omiso al mandado de su madre y para colmo se gastó el dinero para la compra de las tripas.
La niña preocupada por lo sucedido se imaginaba que su madre le iba a pegar.
Entre la preocupación de la Mariangula que caminaba por las calles paso por el cementerio, y se le ocurrió la macabra idea de sacarle las tripas de uno de los muertos que recién lo habían enterrado las sacó y las llevo a su mamá para que las vendiera y en efecto logro su objetivo para no ser castigada, las tripas se vendieron muy bien cosa que a todo el que compraba le gusto y en algunos casos se repitieron.
Ya en horas de las noche, en casa donde vivía con su familia era una casa tradicional de dos pisos como las que hay en Quito colonial, Mariangula se acordaba de lo que había hecho. Cuando de repente escucho la puerta que se abrió fuertemente, ero lo trágico es que ella era la única que escuchaba aquellos ruidos y los demás seguían muy dormidos como si no pasaba nada, a pesar de los muchos ruidos que se escuchaba en la casa.
Cuando los ruidos era muy fuertes y se podían escuchar con claridad puso mucha atención que decían:" Marianguuula , dame mis tripas y mi pusún que te robaste de mi santa sepultura"
Aquella voz se escuchaba cada vez más cerca de su habitación y Mariangula se iba poniendo muy asustada ya que se escuchaba los pasos que subían por las escaleras y la voz se hacía más fuerte:"Marianguuula, dame mis tripas y mi pusún que me robaste de mi santa sepultura".
Ella se ponía pensaba sobre lo que hizo y como que podía hacer para salvarse y en especial qué es lo que le iban hacer estos seres. Cuando de repente encontró una navaja o cuchillo y se cortó su estómago. Cuando los seres entraron a la habitación de Mariangula estaba con sus tripas regadas en la cama muriéndose lentamente y estos seres desaparecieron.
Se dice que la madre de Mariangula vende ahora"carne en palito" en lugar de tripa mishqui el chuzo o palito le sirve a Mariangula para defenderse de los fantasmas.
La viuda del tamarindo - Guayaquil Era
un tamarindo antiguo que existía donde era la quinta Pareja. La quinta
Pareja quedaba donde es ahora la Clínica Guayaquil. Las calles
exactamente creo que son: Tomás Martínez y General Córdova, en esa área. En esa época era una finca. No era una quinta. Se llamaba quinta y era
un lugar abandonado y los tunantes, o sea las personas que andaban tras del trago, iban solos, y en camino a casa, miraban una mujer vestida de
negro que parecía muy bella. En ese tiempo no había pues mayor
alumbrado. Entonces el tunante, pues, éste que estaba, seguía ¿no?
seguía, perseguía a la viuda ésta, a la aparición ésta, y ésta lo
llevaba siempre a un tamarindo añoso lo llevaba allí. Cuando él iba
pues, cuando él llegaba ya casi al pie del tamarindo y luego se volteaba
y la viuda había sido una calavera de la muerte! Una calavera, de
decir: itremenda! El tunante caía echando espuma por la boca.
Victor Emilio Estrada y el pacto con el demonio
Dice
la leyenda que Víctor Emilio Estrada (ex presidente del Ecuador en
1911) era un hombre de fortuna, acaudalado y de sapiencia, todo un
caballero de fina estampa. Las personas de esa época decían que el
caballero había hecho un pacto con el Diablo, y que cuando muriera él
mismo vendría a su tumba a llevárselo.
Víctor Emilio Estrada construyó una tumba de cobre para que el Demonio no invadiera su descanso.
Al morir fue enterrado en su tumba de cobre, una de las más grandes del cementerio de Guayaquil. El Demonio quiso llevarse su alma al infierno como habían pactado, pero en vista de que no pudo éste lo maldijo y dejó varios demonios de custodios fuera de su tumba para que lo vigilaran y no lo dejaran descansar en paz. Desde ese día Víctor Emilio Estrada no descansa en paz y todas las noches sale a las 23 horas con su sombrero de copa y su traje de gala por la puerta uno del famoso cementerio de Guayaquil, a conversar con las personas que se detienen a coger el bus en la parada.
Víctor Emilio Estrada construyó una tumba de cobre para que el Demonio no invadiera su descanso.
Al morir fue enterrado en su tumba de cobre, una de las más grandes del cementerio de Guayaquil. El Demonio quiso llevarse su alma al infierno como habían pactado, pero en vista de que no pudo éste lo maldijo y dejó varios demonios de custodios fuera de su tumba para que lo vigilaran y no lo dejaran descansar en paz. Desde ese día Víctor Emilio Estrada no descansa en paz y todas las noches sale a las 23 horas con su sombrero de copa y su traje de gala por la puerta uno del famoso cementerio de Guayaquil, a conversar con las personas que se detienen a coger el bus en la parada.
La Dama Tapada
aunque existe esta leyenda en otros paises cabe recalcar que es muy popular en Ecuador por tanto me atrevo a ponerla
Se dice que la Dama Tapada, es un ser de origen desconocido que se aparecía en horas cercanas a la medianoche a las personas que frecuentaban callejones no muy concurridos. Según las historias relatadas por muchas personas acerca de estos acontecimientos, una extraña joven se les aparecía, vistiendo un elegante vestido de la época, con sombrilla, pero algo muy particular en ella era que llevaba su rostro tapado con un velo, el cual no permitía que las víctimas la reconocieran.
Al estar cerca de la Dama, se dice que despedía a su entorno una fragancia agradable, y por ello, casi todos los que la veían quedaban impactados al verla y estar cerca de ella. Hacía señales para que la siguiesen y, en trance, las víctimas accedían a la causa pero ella no permitía que se les acercara lo suficiente. Así, los alejaba del centro urbano y en lugares remotos empezaba a detenerse. Posteriormente cuando las víctimas se le acercaban a descubrirle el rostro un olor nauseabundo contaminaba el ambiente, y al ver su rostro apreciaban un cadáver aún en proceso de putrefacción, la cual tenía unos ojos que parecían destellantes bolas de fuego.
La mayoría de las víctimas morían, algunos por el susto y otros por la pestilente fragancia que emanaba el espectro al transformarse. Muy pocos sobrevivían y en la cultura popular los llamaban tunantes.
Desde aquellos acontecimientos, hay quienes dicen que posteriormente aun transita por los callejones por las noches.
aunque existe esta leyenda en otros paises cabe recalcar que es muy popular en Ecuador por tanto me atrevo a ponerla
Se dice que la Dama Tapada, es un ser de origen desconocido que se aparecía en horas cercanas a la medianoche a las personas que frecuentaban callejones no muy concurridos. Según las historias relatadas por muchas personas acerca de estos acontecimientos, una extraña joven se les aparecía, vistiendo un elegante vestido de la época, con sombrilla, pero algo muy particular en ella era que llevaba su rostro tapado con un velo, el cual no permitía que las víctimas la reconocieran.
Al estar cerca de la Dama, se dice que despedía a su entorno una fragancia agradable, y por ello, casi todos los que la veían quedaban impactados al verla y estar cerca de ella. Hacía señales para que la siguiesen y, en trance, las víctimas accedían a la causa pero ella no permitía que se les acercara lo suficiente. Así, los alejaba del centro urbano y en lugares remotos empezaba a detenerse. Posteriormente cuando las víctimas se le acercaban a descubrirle el rostro un olor nauseabundo contaminaba el ambiente, y al ver su rostro apreciaban un cadáver aún en proceso de putrefacción, la cual tenía unos ojos que parecían destellantes bolas de fuego.
La mayoría de las víctimas morían, algunos por el susto y otros por la pestilente fragancia que emanaba el espectro al transformarse. Muy pocos sobrevivían y en la cultura popular los llamaban tunantes.
Desde aquellos acontecimientos, hay quienes dicen que posteriormente aun transita por los callejones por las noches.
El Chuzalongo Personaje mitológico de los indios-quichuas y de los campesinos mestizos del Ecuador.
Se lo describe como un niño de dos años o más, con una estatura de 80 cm., rostro blanco, labios gruesos y morados, nariz chata, orejas grandes, ojos verdes pequeños con un punto negro de fuego en el centro, pelo corto, ralo y tieso de color rojizo o rubio que cae a veces hasta el suelo.
El cuerpo -según algunos- lo lleva cubierto de escamas de pescado, mientras que otros señalan que lo tiene del color de la vara, pero pareciendo moreno por la suciedad.
Sin embargo, su rasgo más destacado es el tamaño descomunal de sus genitales, que los lleva arrastrando por el suelo, igual que su cordón umbilical.
En la costa hace tiempo y en libros se cuenta q un agricultor tenia sus tierras en lo alto del monte,una noche cayo una tormenta y él, muy preocupado por el ganado solo, mando a sus dos hijas a encerrarlos en el granero, ellas llegaron amarraron al ganado y se entraron en la cabaña.alguien golpeo la puerta abrieron y no habia nadie,se dieron la vuelta y era un pequeño ser con un enorme miembro viril enroscado en su cuerpo gritaron; pasaron las horas y ellas no regresaron con una mal precentimiento el anciano tomo su escopeta y se enrrumbo hacia la cabaña ,la lluvia caia a cantaros fria y pesada el viento soplaba tan gelido y triste,por fin al mirar alo lejos la luz dela cabaña corrio y tumbo lapuerta,encontrandose con una escena horrenda y macabra......las muchachas tiradas en el piso descuartizadas en medio de un charco de sangre, y frente a allas, el ser llamado el chuzalongo todavia limpiandose su enorme falo dela sangre de las mujeres.
ademas se dice que ataca a los hombres cuando estos están solos en el campo porque según cuenta la historia este ser tiene vergüenza de su desnudez, aparte el chuzalongo pelea con los hombres como un desafió de fuerza, se dice que para librarse de este ser, el hombre que lucha con el tiene que sacarse una prenda de vestir y lanzarla lejos, el chuzalongo ira a por ella y en ese momento hay que huir.
Se lo describe como un niño de dos años o más, con una estatura de 80 cm., rostro blanco, labios gruesos y morados, nariz chata, orejas grandes, ojos verdes pequeños con un punto negro de fuego en el centro, pelo corto, ralo y tieso de color rojizo o rubio que cae a veces hasta el suelo.
El cuerpo -según algunos- lo lleva cubierto de escamas de pescado, mientras que otros señalan que lo tiene del color de la vara, pero pareciendo moreno por la suciedad.
Sin embargo, su rasgo más destacado es el tamaño descomunal de sus genitales, que los lleva arrastrando por el suelo, igual que su cordón umbilical.
En la costa hace tiempo y en libros se cuenta q un agricultor tenia sus tierras en lo alto del monte,una noche cayo una tormenta y él, muy preocupado por el ganado solo, mando a sus dos hijas a encerrarlos en el granero, ellas llegaron amarraron al ganado y se entraron en la cabaña.alguien golpeo la puerta abrieron y no habia nadie,se dieron la vuelta y era un pequeño ser con un enorme miembro viril enroscado en su cuerpo gritaron; pasaron las horas y ellas no regresaron con una mal precentimiento el anciano tomo su escopeta y se enrrumbo hacia la cabaña ,la lluvia caia a cantaros fria y pesada el viento soplaba tan gelido y triste,por fin al mirar alo lejos la luz dela cabaña corrio y tumbo lapuerta,encontrandose con una escena horrenda y macabra......las muchachas tiradas en el piso descuartizadas en medio de un charco de sangre, y frente a allas, el ser llamado el chuzalongo todavia limpiandose su enorme falo dela sangre de las mujeres.
ademas se dice que ataca a los hombres cuando estos están solos en el campo porque según cuenta la historia este ser tiene vergüenza de su desnudez, aparte el chuzalongo pelea con los hombres como un desafió de fuerza, se dice que para librarse de este ser, el hombre que lucha con el tiene que sacarse una prenda de vestir y lanzarla lejos, el chuzalongo ira a por ella y en ese momento hay que huir.
La Tacona
La Tacona” es una leyenda esmeraldeña; según el autor del “Diccionario de Esmeraldeñismos”, Edgar Allan García R., la Tacona es: un “personaje fantasmal femenino que seduce y mata del susto a los (hombres) incautos en las noches, cuando éstos descubren que la hermosa mujer es en realidad…” un alma en pena que busca venganza ya que fue violada y asesinada. De esta manera, la Tacona es una mujer rubia que aparece en las noches en Esmeraldas y seduce a los hombres, cuando se encuentran a solas, les enseña su verdadera identidad, que consiste en un esqueleto terrorífico y ellos pierden la cordura o mueren.
A continuación, les presento mi adaptación de la leyenda.
En Esmeraldas, en un terreno baldío, se encuentra una joven de cabello rubio con un sujeto, es imposible ver la cara del hombre por la oscuridad de la noche. Ella está arrinconada y el hombre la está tomando de los brazos violentamente, la pone de frente contra el suelo y la viola. Por el rostro de la muchacha caen lágrimas.
La muchacha rubia está en el baño de su casa, se mira al espejo, su vestido blanco está completamente manchado de tierra y continúa con su llanto. Entra a la ducha y cuando sale se está arreglando y poniendo maquillaje, utiliza un delineador fuerte que resalta sus ojos verdes y se pone un labial rojo. En voz alta, se dice a sí misma, mirándose en el espejo, que no dejará que ningún hombre la lastime otra vez.
La muchacha entra en una covacha, los hombres del lugar miran su bello rostro maquillado y su rubio y largo cabello ondulado, su esbelta figura que resalta en un pequeño vestido rojo, sus largas piernas y sus pies que destacan con unas sandalias negras con tacos muy altos. La saludan algunos chicos por el sobrenombre de “Tacona”. Ella los saluda y toma algunos tragos mientras bailan en grupo. A la distancia le atrae un muchacho, lo mira de reojo y observa que el chico saluda, baila y besa a algunas chicas a lo largo de la noche y que está borracho.
La siguiente noche, la Tacona regresa al mismo lugar y mira al muchacho nuevamente besando a distintas chicas a lo largo de la noche. Después de unos tragos, se acerca y lo invita a bailar. Él, algo nervioso, la invita a un trago. Ella acepta y bailan el resto de la noche. Él le propone ir a la playa para estar a solas y ella asiente con la cabeza.
Los chicos están caminando por la playa, La Tacona lleva en una mano sus tacos y con la otra sostiene la mano de él que intenta mantener el equilibrio mientras caminan. Han caminado bastante y ya no se ve la covacha. Paran en un sitio y se besan. Él intenta sobrepasarse y ella se enoja; sin embargo, se siguen besando. El muchacho está con los ojos cerrados, los abre y con terror mira que la muchacha que está besando es un cadáver putrefacto, la empuja y corre por la playa gritando.
Ella se desmorona en la arena y llora desesperadamente. Se levanta, continúa con un llanto descontrolado, camina bastante hasta llegar a un cementerio, encuentra su tumba y se recuesta sobre ella.
Tiempo después, el joven, ya convertido en hombre con canas en su cabello, está en la tumba de la Tacona. Arrodilladlo, pone una rosa roja sobre la tumba, en su mano se ve un anillo de matrimonio. Caen lágrimas por sus ojos y le dice que aquella noche su vida cambio, que después del incidente recapacitó sobre el rumbo de su vida y que gracias a ella dejó de tomar y utilizar a las mujeres.
Siente una palmada en el hombro que interrumpe lo que estaba haciendo y una voz femenina le susurra: “eso era lo que quería oír.” Él regresa a ver y observa la espalda de una mujer rubia con un pequeño vestido rojo que se aleja del lugar.
La Tacona” es una leyenda esmeraldeña; según el autor del “Diccionario de Esmeraldeñismos”, Edgar Allan García R., la Tacona es: un “personaje fantasmal femenino que seduce y mata del susto a los (hombres) incautos en las noches, cuando éstos descubren que la hermosa mujer es en realidad…” un alma en pena que busca venganza ya que fue violada y asesinada. De esta manera, la Tacona es una mujer rubia que aparece en las noches en Esmeraldas y seduce a los hombres, cuando se encuentran a solas, les enseña su verdadera identidad, que consiste en un esqueleto terrorífico y ellos pierden la cordura o mueren.
A continuación, les presento mi adaptación de la leyenda.
En Esmeraldas, en un terreno baldío, se encuentra una joven de cabello rubio con un sujeto, es imposible ver la cara del hombre por la oscuridad de la noche. Ella está arrinconada y el hombre la está tomando de los brazos violentamente, la pone de frente contra el suelo y la viola. Por el rostro de la muchacha caen lágrimas.
La muchacha rubia está en el baño de su casa, se mira al espejo, su vestido blanco está completamente manchado de tierra y continúa con su llanto. Entra a la ducha y cuando sale se está arreglando y poniendo maquillaje, utiliza un delineador fuerte que resalta sus ojos verdes y se pone un labial rojo. En voz alta, se dice a sí misma, mirándose en el espejo, que no dejará que ningún hombre la lastime otra vez.
La muchacha entra en una covacha, los hombres del lugar miran su bello rostro maquillado y su rubio y largo cabello ondulado, su esbelta figura que resalta en un pequeño vestido rojo, sus largas piernas y sus pies que destacan con unas sandalias negras con tacos muy altos. La saludan algunos chicos por el sobrenombre de “Tacona”. Ella los saluda y toma algunos tragos mientras bailan en grupo. A la distancia le atrae un muchacho, lo mira de reojo y observa que el chico saluda, baila y besa a algunas chicas a lo largo de la noche y que está borracho.
La siguiente noche, la Tacona regresa al mismo lugar y mira al muchacho nuevamente besando a distintas chicas a lo largo de la noche. Después de unos tragos, se acerca y lo invita a bailar. Él, algo nervioso, la invita a un trago. Ella acepta y bailan el resto de la noche. Él le propone ir a la playa para estar a solas y ella asiente con la cabeza.
Los chicos están caminando por la playa, La Tacona lleva en una mano sus tacos y con la otra sostiene la mano de él que intenta mantener el equilibrio mientras caminan. Han caminado bastante y ya no se ve la covacha. Paran en un sitio y se besan. Él intenta sobrepasarse y ella se enoja; sin embargo, se siguen besando. El muchacho está con los ojos cerrados, los abre y con terror mira que la muchacha que está besando es un cadáver putrefacto, la empuja y corre por la playa gritando.
Ella se desmorona en la arena y llora desesperadamente. Se levanta, continúa con un llanto descontrolado, camina bastante hasta llegar a un cementerio, encuentra su tumba y se recuesta sobre ella.
Tiempo después, el joven, ya convertido en hombre con canas en su cabello, está en la tumba de la Tacona. Arrodilladlo, pone una rosa roja sobre la tumba, en su mano se ve un anillo de matrimonio. Caen lágrimas por sus ojos y le dice que aquella noche su vida cambio, que después del incidente recapacitó sobre el rumbo de su vida y que gracias a ella dejó de tomar y utilizar a las mujeres.
Siente una palmada en el hombro que interrumpe lo que estaba haciendo y una voz femenina le susurra: “eso era lo que quería oír.” Él regresa a ver y observa la espalda de una mujer rubia con un pequeño vestido rojo que se aleja del lugar.
'Brujas sobre Ibarra (ciudad de Ecuador)
Desde arriba del Torreón, la ciudad, en las noches de luna, parecía una maqueta parda llena de tejados, que guardaban jardines atiborrados de buganvillas, nogales e higos. Más arriba, en cambio, se distinguían las palmeras chilenas: enjutas y lustrosas, pese a la intensidad nocturna y las exiguas farolas, alumbradas con mecheros que –de cuando en cuando- eran revisados por el farolero, envuelto en un gabán descolorido que no impedía apreciar su silueta recorriendo esa luz mortecina que golpeaba las paredes de cal.
Más arriba, aún, el parque de Ibarra era un minúsculo tablero de ajedrez sin alfiles, donde destacaba el añoso Ceibo, plantado tras el terremoto del siglo XIX y que –según decían- sus ramas habían caminado una cuadra entera. La noche caía plácida sobre la enredaderas y la luna parecía indolente a las sombras que pasaban, pero que no podían ser reflejadas en las piedras. ¿Quiénes miraban a Ibarra dormida? ¿Quiénes tenían el privilegio de contemplar sus paredes blanquísimas engalanadas con los fulgores de la luna? ¿Quiénes pasaban en un vuelo rasante como si fueran aves nocturnas? ¿Quiénes se sentaban cerca de las campanas de la Catedral a mirar los tejuelos verdes y las copas de los árboles?
No es fácil decirlo: unas veces eran las brujas de Mira, otras las de Pimampiro y muchas ocasiones las de Urcuquí. Eran una suerte de correos de la época, acaso a inicios de siglo, que viajaban abiertas los brazos, por los cielos estrellados de Imbabura. Por eso no era casual que las noticias –que por lo general se tardaban en llegar cuatro días desde Quito- se conociera más aprisa en los corrillos de estas tres poblaciones unidas por un triángulo mágico: que ha iniciado la revolución de los montoneros alfaristas, que el Congreso ha sido disuelto, que llegaron las telas de los libaneses o que fulano ha muerto.
Todas noticias importantísimas que –de no ser por las voladoras- hubieran llegado desgastadas. Pero, a diferencia de lo que se cree de las brujas, que van en escoba, llevaban un traje negro y tienen la nariz puntiaguda, las del sector norteño ecuatoriano poseían trajes blanquísimos y tan almidonados que eran tiesos. Por eso cuando las voladoras pasaban los pliegues de sus vestidos sonaban mientras cortaban el viento. Algunos las tenían localizadas. Por eso cuando pasaban por encima de las casas, existían los atrevidos que se acostaban en cruz y con esta fórmula las brujas caían al suelo.
Otros, en cambio, preferían decirles que al otro día vayan por sal y de esta manera conocían su identidad. Pero las voladoras de Mira también tenían sus hechizos. Quienes se burlaban de las brujas terminaban convertidos en mulas o gallos. Y eso, al parecer, le sucedió a Rafael Miranda, un conocido galeno de Ibarra, de inicios de siglo. Cuentan los abuelos que el doctor Miranda desapareció un día sin dejar rastro. Sus amigos lo buscaron por todos lados infructuosamente. Sus familiares estaban desesperados. El tiempo pasó. Una tarde, un conocido del doctor Miranda recorría unas huertas por Mira y miró a un hombre desaliñado con un azadón. Creyó reconocerlo.
Al acercarse comprobó con estupor que se trataba del famoso doctor Miranda. Lo sacó del lugar y tras curaciones prodigiosas el galeno volvió a su estado normal y nunca más se sintió gallo. Otra historia, en cambio, sirvió para que Juan José Mejía, el popular y primer sacamuelas de Carchi e Imbabura, justificara una parranda de tres días. Cuando le preguntaron porque no había llegado a la casa contestó sin inmutarse: “Estuve en Mira amarrado a la pata de una cama, convertido en gallo y recién me escapo de las brujas”. Claro que estuvo en Mira y, acaso, le brindaron –como a muchos- el famoso tardón, que es una bebida que basta un solo trago para que el confiado visitante termine por los suelos, en un remolino de carcajadas.
Por eso los políticos de turno o las autoridades, que siempre ofrecen solucionar todos los problemas, se dan cuenta de los fatídicos brebajes demasiado tarde: quedan arrumados en las sillas de madera, con un olor imperceptible a aguardiente, que es uno de los ingredientes del tardón, elaborado de papa y de secretísimos compuestos que ha sido imposible develar. Cuando alguna autoridad trataba de levantarse caía en cuenta que sus honorables posaderas estaban como pegadas a la silla. ¿Cuáles eran las palabras mágicas para volar? De boca en boca ha llegado hasta estos días lo que decían las brujas ecuatorianas: “De villa en villa y de viga en viga, sin Dios ni Santa María” y tras pronunciar este conjuro levantaban vuelo.
Y hasta había quienes intentaron realizar una aventura aérea. Cuentan que un mireño insistió a una maga para que le iniciara en su arte. Tras las súplicas decidió confiarle el secreto. Lo primero que le indicó es que tenía que utilizar uno de sus trajes níveos. Aguardaron la noche y subieron a la chimenea de un horno... -Tienes que repetir esta fórmula, le dijo la encantadora. Tras decir “de villa en villa, de viga en viga, sin Dios ni Santa María”, extendió sus brazos y salió disparada por el cielo. Nuestro personaje se emocionó, pero al repetir el conjuro lo hizo de esta manera: “de villa en villa, de viga en viga, con Dios y Santa María”.
Dicho esto, desplomóse cuan largo era en el patio de la casa, en medio de los ladridos de los perros y de los vecinos que lo encontraron magullado y vestido de traje blanco, con cintas y encajes. Aunque pidió discreción, al otro día toda Mira conoció esta historia y su único argumento fue se enredó en la vestimenta. Obviamente, no pudo aclarar qué hacía subido en la chimenea y con un vestido de dama. Hay quienes dicen que las brujas aún pasan por los tejados de Ibarra. Es posible. Mas, nunca se han caracterizado –como lo eran acusadas en la Inquisición Española- de artilugios malévolos.
Su único delito, podría decirse, es volar para conocer tierras lejanas o para visitar a algún amante venturoso que abre su puerta antes que la maga tope el suelo. Hay quienes dicen haberlas visto reunidas practicando iniciaciones antiquísimas, en medio de un prado. Con suerte, si levantamos a mirar el cielo en una noche de luna es posible que localicemos a una bruja que regresa del sur y pasa por encima del pequeño Ceibo, del parque Pedro Moncayo, que ha empezado a brotar sus hojas.
Desde arriba del Torreón, la ciudad, en las noches de luna, parecía una maqueta parda llena de tejados, que guardaban jardines atiborrados de buganvillas, nogales e higos. Más arriba, en cambio, se distinguían las palmeras chilenas: enjutas y lustrosas, pese a la intensidad nocturna y las exiguas farolas, alumbradas con mecheros que –de cuando en cuando- eran revisados por el farolero, envuelto en un gabán descolorido que no impedía apreciar su silueta recorriendo esa luz mortecina que golpeaba las paredes de cal.
Más arriba, aún, el parque de Ibarra era un minúsculo tablero de ajedrez sin alfiles, donde destacaba el añoso Ceibo, plantado tras el terremoto del siglo XIX y que –según decían- sus ramas habían caminado una cuadra entera. La noche caía plácida sobre la enredaderas y la luna parecía indolente a las sombras que pasaban, pero que no podían ser reflejadas en las piedras. ¿Quiénes miraban a Ibarra dormida? ¿Quiénes tenían el privilegio de contemplar sus paredes blanquísimas engalanadas con los fulgores de la luna? ¿Quiénes pasaban en un vuelo rasante como si fueran aves nocturnas? ¿Quiénes se sentaban cerca de las campanas de la Catedral a mirar los tejuelos verdes y las copas de los árboles?
No es fácil decirlo: unas veces eran las brujas de Mira, otras las de Pimampiro y muchas ocasiones las de Urcuquí. Eran una suerte de correos de la época, acaso a inicios de siglo, que viajaban abiertas los brazos, por los cielos estrellados de Imbabura. Por eso no era casual que las noticias –que por lo general se tardaban en llegar cuatro días desde Quito- se conociera más aprisa en los corrillos de estas tres poblaciones unidas por un triángulo mágico: que ha iniciado la revolución de los montoneros alfaristas, que el Congreso ha sido disuelto, que llegaron las telas de los libaneses o que fulano ha muerto.
Todas noticias importantísimas que –de no ser por las voladoras- hubieran llegado desgastadas. Pero, a diferencia de lo que se cree de las brujas, que van en escoba, llevaban un traje negro y tienen la nariz puntiaguda, las del sector norteño ecuatoriano poseían trajes blanquísimos y tan almidonados que eran tiesos. Por eso cuando las voladoras pasaban los pliegues de sus vestidos sonaban mientras cortaban el viento. Algunos las tenían localizadas. Por eso cuando pasaban por encima de las casas, existían los atrevidos que se acostaban en cruz y con esta fórmula las brujas caían al suelo.
Otros, en cambio, preferían decirles que al otro día vayan por sal y de esta manera conocían su identidad. Pero las voladoras de Mira también tenían sus hechizos. Quienes se burlaban de las brujas terminaban convertidos en mulas o gallos. Y eso, al parecer, le sucedió a Rafael Miranda, un conocido galeno de Ibarra, de inicios de siglo. Cuentan los abuelos que el doctor Miranda desapareció un día sin dejar rastro. Sus amigos lo buscaron por todos lados infructuosamente. Sus familiares estaban desesperados. El tiempo pasó. Una tarde, un conocido del doctor Miranda recorría unas huertas por Mira y miró a un hombre desaliñado con un azadón. Creyó reconocerlo.
Al acercarse comprobó con estupor que se trataba del famoso doctor Miranda. Lo sacó del lugar y tras curaciones prodigiosas el galeno volvió a su estado normal y nunca más se sintió gallo. Otra historia, en cambio, sirvió para que Juan José Mejía, el popular y primer sacamuelas de Carchi e Imbabura, justificara una parranda de tres días. Cuando le preguntaron porque no había llegado a la casa contestó sin inmutarse: “Estuve en Mira amarrado a la pata de una cama, convertido en gallo y recién me escapo de las brujas”. Claro que estuvo en Mira y, acaso, le brindaron –como a muchos- el famoso tardón, que es una bebida que basta un solo trago para que el confiado visitante termine por los suelos, en un remolino de carcajadas.
Por eso los políticos de turno o las autoridades, que siempre ofrecen solucionar todos los problemas, se dan cuenta de los fatídicos brebajes demasiado tarde: quedan arrumados en las sillas de madera, con un olor imperceptible a aguardiente, que es uno de los ingredientes del tardón, elaborado de papa y de secretísimos compuestos que ha sido imposible develar. Cuando alguna autoridad trataba de levantarse caía en cuenta que sus honorables posaderas estaban como pegadas a la silla. ¿Cuáles eran las palabras mágicas para volar? De boca en boca ha llegado hasta estos días lo que decían las brujas ecuatorianas: “De villa en villa y de viga en viga, sin Dios ni Santa María” y tras pronunciar este conjuro levantaban vuelo.
Y hasta había quienes intentaron realizar una aventura aérea. Cuentan que un mireño insistió a una maga para que le iniciara en su arte. Tras las súplicas decidió confiarle el secreto. Lo primero que le indicó es que tenía que utilizar uno de sus trajes níveos. Aguardaron la noche y subieron a la chimenea de un horno... -Tienes que repetir esta fórmula, le dijo la encantadora. Tras decir “de villa en villa, de viga en viga, sin Dios ni Santa María”, extendió sus brazos y salió disparada por el cielo. Nuestro personaje se emocionó, pero al repetir el conjuro lo hizo de esta manera: “de villa en villa, de viga en viga, con Dios y Santa María”.
Dicho esto, desplomóse cuan largo era en el patio de la casa, en medio de los ladridos de los perros y de los vecinos que lo encontraron magullado y vestido de traje blanco, con cintas y encajes. Aunque pidió discreción, al otro día toda Mira conoció esta historia y su único argumento fue se enredó en la vestimenta. Obviamente, no pudo aclarar qué hacía subido en la chimenea y con un vestido de dama. Hay quienes dicen que las brujas aún pasan por los tejados de Ibarra. Es posible. Mas, nunca se han caracterizado –como lo eran acusadas en la Inquisición Española- de artilugios malévolos.
Su único delito, podría decirse, es volar para conocer tierras lejanas o para visitar a algún amante venturoso que abre su puerta antes que la maga tope el suelo. Hay quienes dicen haberlas visto reunidas practicando iniciaciones antiquísimas, en medio de un prado. Con suerte, si levantamos a mirar el cielo en una noche de luna es posible que localicemos a una bruja que regresa del sur y pasa por encima del pequeño Ceibo, del parque Pedro Moncayo, que ha empezado a brotar sus hojas.
La capa del estudiante Todo
comenzó cuando un grupo de estudiantes se preparaban para rendir los
últimos exámenes de su año lectivo. Uno de ellos, Juan, estaba muy
preocupado por el estado calamitoso en el que se hallaban sus botas y el
hecho de no tener suficiente dinero para reemplazarlas.
Para él era imposible presentarse a sus exámenes en semejantes fachas; sus compañeros le propusieron vender o empeñar su capa, pero para él eso era imposible?finalmente le ofrecieron algunas monedas para aliviar su situación, pero la ayuda tenía un precio; sus amigos le dijeron que para ganárselas debía ir a las doce de la noche al cementerio del El Tejar, llegar hasta la tumba de una mujer que se quitó la vida, y clavar un clavo, Juan aceptó.
Casualmente aquella tumba era la de una joven con la que Juan tuvo amores en el pasado y que se quitó la vida a causa de su traición. El joven estaba lleno de remordimientos?pero como necesitaba el dinero, acudió a la cita.
Subió por el muro y llegó hasta la tumba señalada?mientras clavaba, interiormente pedía perdón por el daño ocasionado. Pero cuando quiso retirarse del lugar no pudo moverse de su sitio porque algo le sujetaba la capa y le impedía la huida?sus amigos le esperaban afuera del cementerio, pero Juan nunca salió.
A la mañana siguiente, preocupados por la tardanza se aventuraron a buscarlo y lo encontraron muerto. Uno de ellos se percató de que Juan había fijado su capa junto al clavo?no hubo ni aparecidos ni venganzas del más allá, a Juan lo mató el susto.
Para él era imposible presentarse a sus exámenes en semejantes fachas; sus compañeros le propusieron vender o empeñar su capa, pero para él eso era imposible?finalmente le ofrecieron algunas monedas para aliviar su situación, pero la ayuda tenía un precio; sus amigos le dijeron que para ganárselas debía ir a las doce de la noche al cementerio del El Tejar, llegar hasta la tumba de una mujer que se quitó la vida, y clavar un clavo, Juan aceptó.
Casualmente aquella tumba era la de una joven con la que Juan tuvo amores en el pasado y que se quitó la vida a causa de su traición. El joven estaba lleno de remordimientos?pero como necesitaba el dinero, acudió a la cita.
Subió por el muro y llegó hasta la tumba señalada?mientras clavaba, interiormente pedía perdón por el daño ocasionado. Pero cuando quiso retirarse del lugar no pudo moverse de su sitio porque algo le sujetaba la capa y le impedía la huida?sus amigos le esperaban afuera del cementerio, pero Juan nunca salió.
A la mañana siguiente, preocupados por la tardanza se aventuraron a buscarlo y lo encontraron muerto. Uno de ellos se percató de que Juan había fijado su capa junto al clavo?no hubo ni aparecidos ni venganzas del más allá, a Juan lo mató el susto.
Quito Ciudad Magica leyendas Y Mitos
La leyenda del sombrero de Panamá
Desde 1630 los sombreros ecuatorianos han
cubierto las cabezas de muchos famosos
incluyendo a Napoleón, Winston Churchill,
Nikita Krustchev, Harry Truman, Paul
Newman, Anthony Hopkins, y otros…
En 1906 Theodore Roosevelt usó uno de estos
sombreros mientras visitaba la construcción
del canal de Panamá. Su fotografía viajó
alrededor del mundo y esta obra maestra se
convirtió en "Elsombrero de Panamá". Las
cooperativas de artesanos que hacen estos sombreros se toman
entre una semana y seis meses para elaborar unso mbrero
dependiendo del espesor seleccionado, utilizando sólo las más
finas fibras de paja "toquilla".
El sombrero de Panamá tiene varios nombres. Fue llamado
jipijapa, a partir del nombre de una ciudad pequeña de la
provincia de Manabí que se suponía era su origen tradicional, o
Montecristi, un nombre que todavía se encuentra entre los
especialistas de los panamás de calidad. El jipijapa o el
Montecristi también se ha llamado toquilla, un nombre derivado
del nombre de los sombreros que los españoles usaron en la
conquista.
cubierto las cabezas de muchos famosos
incluyendo a Napoleón, Winston Churchill,
Nikita Krustchev, Harry Truman, Paul
Newman, Anthony Hopkins, y otros…
En 1906 Theodore Roosevelt usó uno de estos
sombreros mientras visitaba la construcción
del canal de Panamá. Su fotografía viajó
alrededor del mundo y esta obra maestra se
convirtió en "Elsombrero de Panamá". Las
cooperativas de artesanos que hacen estos sombreros se toman
entre una semana y seis meses para elaborar unso mbrero
dependiendo del espesor seleccionado, utilizando sólo las más
finas fibras de paja "toquilla".
El sombrero de Panamá tiene varios nombres. Fue llamado
jipijapa, a partir del nombre de una ciudad pequeña de la
provincia de Manabí que se suponía era su origen tradicional, o
Montecristi, un nombre que todavía se encuentra entre los
especialistas de los panamás de calidad. El jipijapa o el
Montecristi también se ha llamado toquilla, un nombre derivado
del nombre de los sombreros que los españoles usaron en la
conquista.
Ataud ambulante Por las noches y en los ríos que se juntan para formar el
gran Guayas, frecuentemente se observa un ataúd
flotando en las oscuras aguas, con la tapa levantada y una
gran vela en la cabecera que ilumina los dos cadáveres
que yacen en su interior. Ahí descansan los cuerpos de la
princesa Mina y su hijo.
Mina fue hija del último de los caciques de los daulis: Chauma. A sus espaldas, y en contra del parecer de su padre, ella se enamoró de un español con quien se caso en secreto. Su padre, al conocer la noticia, se molestó mucho porque los españoles habían matado a sus antepasados y despojado a su pueblo de sus tierras. Lleno de ira maldijo a su hija por casarse con un enemigo y convertirse en cristiana. La maldición de Chauma condenó al espíritu de Mina a no tener descanso después de que se separara de su cuerpo.
Luego de unos días, Mina, abrumada por la melancolía que le provocó la huida de su casa y al conocer la muerte de su padre cuando éste se disponía a asaltar la ciudad de Guayaquil, falleció dando a luz a su primogénito que también nació muerto.
Su esposo dio cumplimiento al último deseo de la princesa
que, presintiendo un triste desenlace, pidió que al morir
no la enterrase sino que, colocada dentro de un ataúd, la
dejase en el río con la tapa de la caja levantada. Apenas
su esposo abandonó el ataúd en el río, éste, en vez de
hundirse permaneció en la superficie y partió como una
flecha a la ribera más lejana. Cuando llegó, se dirigió de
inmediato hacia la otra orilla y así indefinidamente, al
mismo tiempo que apareció una vela encendida en su
cabecera para poder ver los cadáveres.
Desde entonces, ciertas noches, se observa el ataúd por
los ríos Daule y Babahoyo. Muchos navegantes aseguran
haber visto con claridad los dos cadáveres y una nube de
moscas que los rodea, sobre todo en la noche del 25 de
febrero, aniversario del deceso de la princesa, cuando por
única vez el ataúd se queda quieto en la superficie del
agua ofreciendo a los curiosos la oportunidad de
contemplarlo.
Mina fue hija del último de los caciques de los daulis: Chauma. A sus espaldas, y en contra del parecer de su padre, ella se enamoró de un español con quien se caso en secreto. Su padre, al conocer la noticia, se molestó mucho porque los españoles habían matado a sus antepasados y despojado a su pueblo de sus tierras. Lleno de ira maldijo a su hija por casarse con un enemigo y convertirse en cristiana. La maldición de Chauma condenó al espíritu de Mina a no tener descanso después de que se separara de su cuerpo.
Luego de unos días, Mina, abrumada por la melancolía que le provocó la huida de su casa y al conocer la muerte de su padre cuando éste se disponía a asaltar la ciudad de Guayaquil, falleció dando a luz a su primogénito que también nació muerto.
Su esposo dio cumplimiento al último deseo de la princesa
que, presintiendo un triste desenlace, pidió que al morir
no la enterrase sino que, colocada dentro de un ataúd, la
dejase en el río con la tapa de la caja levantada. Apenas
su esposo abandonó el ataúd en el río, éste, en vez de
hundirse permaneció en la superficie y partió como una
flecha a la ribera más lejana. Cuando llegó, se dirigió de
inmediato hacia la otra orilla y así indefinidamente, al
mismo tiempo que apareció una vela encendida en su
cabecera para poder ver los cadáveres.
Desde entonces, ciertas noches, se observa el ataúd por
los ríos Daule y Babahoyo. Muchos navegantes aseguran
haber visto con claridad los dos cadáveres y una nube de
moscas que los rodea, sobre todo en la noche del 25 de
febrero, aniversario del deceso de la princesa, cuando por
única vez el ataúd se queda quieto en la superficie del
agua ofreciendo a los curiosos la oportunidad de
contemplarlo.
El rezador de las ánimas Por cuatro décadas, Enrique Angulo reza a media noche, durante nueve jornadas antes del Día de los Muertos. Lo hace por el alivio de las almas del purgatorio, en Puéllaro, noroccidente de Quito.
Ya son casi las 23:h40. Las puertas del cementerio de Puéllaro
están abiertas, como esperando a Enrique Angulo. Hace frío y la
lluvia no cesa. Cerca de la medianoche, dos jóvenes y un mendigo
caminan por las calles del pueblo. Se oye el ruido de las gotas.
Enrique, a pesar de las enfermedades que padece a sus 75 años,
está a punto de empezar con el cuarto día de la novena (que va del
24 al 1 de noviembre de cada año) por la salvación de las almas del
purgatorio. Duda en salir, debido a que un médico le ha prohibido
realizar esfuerzos. Le basta un paraguas para decidirse. Toma el
alba (una túnica y un gorro blanco) y una campana. Se dirige hacia
la cruz del cementerio, que está a menos de 30 metros de su casa.
Ahí es donde inicia la procesión.
Ese podría ser el comienzo de su historia, pero no lo es. En realidad
todo comenzó cuando su hija Anita, de 11 años, sufrió de fuertes
dolores de estómago. Enrique y su esposa, Ana, hicieron todo lo
que estuvo a su alcance para salvarla, durante dos años. La
llevaron a un curandero, que aliviaba su dolor por varios meses, así
como a doctores calificados. El esfuerzo se desvaneció cuando una
peritonitis destruyó sus intestinos. En el hospital tardaron en darse
cuenta lo que pasaba. La niña pasó 18 días agonizando, hasta que
murió.
Él y su esposa no encontraban consuelo. Se deprimieron tanto que
golpeaban la lápida a diario, sin encontrar respuesta. Al notar ese
gran dolor que estaba acabando con sus vidas, el párroco del sector
conminó a Enrique a que visitara a Mesías Ayala, el antiguo
animero (reza por las almas del pueblo), quien se encontraba
enfermo en el hospital. Mesías supo que Enrique, sería su sucesor
desde que lo conoció. Le entregó el alba y la campana. Y le dijo que
no era una misión fácil sino de mucha fe y entrega.
Según consta en documentos de folclore ecuatoriano, rezarle a las almas fue una tradición antigua del reino de Castilla, España, que llegó al país con la conquista española. En Puéllaro y en varios pueblos de la Sierra aún se practica el ritual, que está ligado a la Iglesia Católica. Sin embargo, existe un documento de 1903, que dice que el obispo Federico González Suárez comunicó a los
párrocos de cada provincia que no permitieran se realice esta
novena. Menos que se la relacione con penitencia o fe de la Iglesia.
A pesar de la disposición y del rechazo de una parte de los
feligreses, esa tarde en que Enrique heredó su labor, sintió “una
felicidad enorme. Iba a estar ligado de por vida a las almitas. Era un
misterio, una dicha que el señor me envió”.
Para la novena, le explicó Mesías, había un proceso que no se
podía tergiversar. Debía empezar rezando tres credos y tres padres
nuestros, luego de arrodillarse y encomendarse al señor en la cruz
del cementerio. Exactamente así lo hace. La lluvia no aguarda la
noche del cuarto día. En Puéllaro, un pueblo ubicado al
noroccidente, a una hora y media de Quito, donde viven
aproximadamente 10.000 personas, el suelo es terroso, fértil y
productivo y ahí justamente, en la tierra, es donde se lleva a las
personas más pobres del pueblo. A las bóvedas, a quienes tienen
un poco más de dinero. Pero todos están juntos en el lugar, ricos y
pobres.
Por todos, ora Enrique esa noche, en que las almas, dice lo
despertaron de su sueño junto a su esposa y lo impulsaron a pesar
del clima. Antes de empezar, tiene bien aprendida una lección:
“nunca se debe regresar a ver hacia atrás. Podría ver a alguno de
mis conocidos. Mariano Flores, el animero de Aloguincho (una
localidad cercana a Puéllaro), me contó que un día se cayó en un
camino. Sin querer volteó. En ese momento vio a cientos de
hombres, de mujeres y niños, vestidos de blanco… Claro, supongo
que eran las almitas”, dice.
Antes del recorrido también especifica que siempre tiene que estar
solo y no responderá ninguna pregunta en la próxima hora. “No
tendría sentido que vaya acompañado, la labor del animero es
solitaria”. Confiesa que no es fácil ingresar a un camposanto a
media noche, que hay que mantener una cierta conexión con Dios,
con las almas y mucha fe.
Cada sonido en un cementerio sin luz, en un pueblo alejado, podría
asustar. No es así. Desde que Enrique se arrodilla sucede algo
increíble. Es como si transmitiera cierta tranquilidad. No hay más
miedo. Es un lugar de paz, así lo siente el animero. Y con voz
lastimera canta una estrofa: “Por tu sangre/ Por tu muerte/ Y por tu
pasión sangrienta/ Apaga señor tu fuego/ Que a las almas
atormenta”. Son las 24:h00. Mira el reloj y se retira. En ese
momento cree que las almas, que no han encontrado su camino, lo
acompañan en la procesión.
Medita, mientras recorre cerca de cinco kilómetros y en cada cuadra
(aproximadamente) se detiene un momento y casi en un trance toca
la campana. Pide: “Un padre nuestro y un Ave María para el
descanso y el alivio de las almitas del Santo Purgatorio, por el amor
de Dios…”. Dos jóvenes, que beben media botella de licor, lo
observan asombrados. El pueblo duerme. No le importa. Tiene la
fuerza para subir cuestas empinadas, que a un adolescente
cansarían.
No tiene miedo a los perros que ladran y amenazan con morder.
Uno se acerca a su túnica. Le basta una mirada para detenerlo.
Atraviesa por baches, tierra que se hunde, calles sin luz, y vuelve a
rezar por las almas. Aunque ya nada es lo que era. El dolor de
estómago, a momentos lo retrasa. No así el cáncer a la próstata de
nivel tres, que le diagnosticaron en Solca, y del cual fue operado en
Cuenca: “las almitas en ese momento intercedieron por mí. Me
ayudan para que haya podido desempeñar esta labor por más de
40 años. El 2007 no puede estar porque me estaba reponiendo”.
Todavía no encuentra un reemplazo. Mariano Flores, el animero de
Aloguincho, realizó la procesión los dos primeros días (24 y 25 de
noviembre) en Puéllaro, pero Enrique asegura: “a la gente no le
gustó, no hizo lo que le dije, y pedían que yo regresara. Por eso
estoy aquí”.
Ha recorrido más de 30 cuadras. Y la campana vuelve a sonar con
la intención de que en ese momento, quien la escuche implore en
una oración: “por las almas del purgatorio que no han podido
ingresar por la puerta divina”. Solo una mujer de unos 30 años
responde al llamado desde una ventana. Enrique es consciente de
que los tiempos han cambiado. Que los jóvenes no están ligados a
las creencias. Que seguramente afectó que un programa televisivo
midiera la intensidad de manifestaciones paranormales en los
recorridos de los animeros de la zona, asegurando que eran
“altísimas”.
Lo cierto es que en Tucres, La Ciénega, El barrio de la piscina, La
Merced, El Parque Central y otros, solo se divisan sombras de las
casas. También un mendigo que es protegido por su perro y que
con incertidumbre ve pasar a Enrique. “Hay que tenerle más miedo
a los vivos que a los muertos” dice un adagio popular. Enrique
camina por la Panamericana y dos borrachos en una camioneta
casi lo sacan del camino: “Hola animero”, le gritan.
Casi es la 01:00. Enrique decide regresar. Se cambiará de ropa. A
pesar de la fuerza que lo mueve, el recorrido es para el ex obrero y
hoy jubilado una locura, un esfuerzo supremo. “No puedo retirarme
a medio camino, si no dejo a las almitas en su lugar, es que ellas
pueden castigarme”.
Ya son casi las 23:h40. Las puertas del cementerio de Puéllaro
están abiertas, como esperando a Enrique Angulo. Hace frío y la
lluvia no cesa. Cerca de la medianoche, dos jóvenes y un mendigo
caminan por las calles del pueblo. Se oye el ruido de las gotas.
Enrique, a pesar de las enfermedades que padece a sus 75 años,
está a punto de empezar con el cuarto día de la novena (que va del
24 al 1 de noviembre de cada año) por la salvación de las almas del
purgatorio. Duda en salir, debido a que un médico le ha prohibido
realizar esfuerzos. Le basta un paraguas para decidirse. Toma el
alba (una túnica y un gorro blanco) y una campana. Se dirige hacia
la cruz del cementerio, que está a menos de 30 metros de su casa.
Ahí es donde inicia la procesión.
Ese podría ser el comienzo de su historia, pero no lo es. En realidad
todo comenzó cuando su hija Anita, de 11 años, sufrió de fuertes
dolores de estómago. Enrique y su esposa, Ana, hicieron todo lo
que estuvo a su alcance para salvarla, durante dos años. La
llevaron a un curandero, que aliviaba su dolor por varios meses, así
como a doctores calificados. El esfuerzo se desvaneció cuando una
peritonitis destruyó sus intestinos. En el hospital tardaron en darse
cuenta lo que pasaba. La niña pasó 18 días agonizando, hasta que
murió.
Él y su esposa no encontraban consuelo. Se deprimieron tanto que
golpeaban la lápida a diario, sin encontrar respuesta. Al notar ese
gran dolor que estaba acabando con sus vidas, el párroco del sector
conminó a Enrique a que visitara a Mesías Ayala, el antiguo
animero (reza por las almas del pueblo), quien se encontraba
enfermo en el hospital. Mesías supo que Enrique, sería su sucesor
desde que lo conoció. Le entregó el alba y la campana. Y le dijo que
no era una misión fácil sino de mucha fe y entrega.
Según consta en documentos de folclore ecuatoriano, rezarle a las almas fue una tradición antigua del reino de Castilla, España, que llegó al país con la conquista española. En Puéllaro y en varios pueblos de la Sierra aún se practica el ritual, que está ligado a la Iglesia Católica. Sin embargo, existe un documento de 1903, que dice que el obispo Federico González Suárez comunicó a los
párrocos de cada provincia que no permitieran se realice esta
novena. Menos que se la relacione con penitencia o fe de la Iglesia.
A pesar de la disposición y del rechazo de una parte de los
feligreses, esa tarde en que Enrique heredó su labor, sintió “una
felicidad enorme. Iba a estar ligado de por vida a las almitas. Era un
misterio, una dicha que el señor me envió”.
Para la novena, le explicó Mesías, había un proceso que no se
podía tergiversar. Debía empezar rezando tres credos y tres padres
nuestros, luego de arrodillarse y encomendarse al señor en la cruz
del cementerio. Exactamente así lo hace. La lluvia no aguarda la
noche del cuarto día. En Puéllaro, un pueblo ubicado al
noroccidente, a una hora y media de Quito, donde viven
aproximadamente 10.000 personas, el suelo es terroso, fértil y
productivo y ahí justamente, en la tierra, es donde se lleva a las
personas más pobres del pueblo. A las bóvedas, a quienes tienen
un poco más de dinero. Pero todos están juntos en el lugar, ricos y
pobres.
Por todos, ora Enrique esa noche, en que las almas, dice lo
despertaron de su sueño junto a su esposa y lo impulsaron a pesar
del clima. Antes de empezar, tiene bien aprendida una lección:
“nunca se debe regresar a ver hacia atrás. Podría ver a alguno de
mis conocidos. Mariano Flores, el animero de Aloguincho (una
localidad cercana a Puéllaro), me contó que un día se cayó en un
camino. Sin querer volteó. En ese momento vio a cientos de
hombres, de mujeres y niños, vestidos de blanco… Claro, supongo
que eran las almitas”, dice.
Antes del recorrido también especifica que siempre tiene que estar
solo y no responderá ninguna pregunta en la próxima hora. “No
tendría sentido que vaya acompañado, la labor del animero es
solitaria”. Confiesa que no es fácil ingresar a un camposanto a
media noche, que hay que mantener una cierta conexión con Dios,
con las almas y mucha fe.
Cada sonido en un cementerio sin luz, en un pueblo alejado, podría
asustar. No es así. Desde que Enrique se arrodilla sucede algo
increíble. Es como si transmitiera cierta tranquilidad. No hay más
miedo. Es un lugar de paz, así lo siente el animero. Y con voz
lastimera canta una estrofa: “Por tu sangre/ Por tu muerte/ Y por tu
pasión sangrienta/ Apaga señor tu fuego/ Que a las almas
atormenta”. Son las 24:h00. Mira el reloj y se retira. En ese
momento cree que las almas, que no han encontrado su camino, lo
acompañan en la procesión.
Medita, mientras recorre cerca de cinco kilómetros y en cada cuadra
(aproximadamente) se detiene un momento y casi en un trance toca
la campana. Pide: “Un padre nuestro y un Ave María para el
descanso y el alivio de las almitas del Santo Purgatorio, por el amor
de Dios…”. Dos jóvenes, que beben media botella de licor, lo
observan asombrados. El pueblo duerme. No le importa. Tiene la
fuerza para subir cuestas empinadas, que a un adolescente
cansarían.
No tiene miedo a los perros que ladran y amenazan con morder.
Uno se acerca a su túnica. Le basta una mirada para detenerlo.
Atraviesa por baches, tierra que se hunde, calles sin luz, y vuelve a
rezar por las almas. Aunque ya nada es lo que era. El dolor de
estómago, a momentos lo retrasa. No así el cáncer a la próstata de
nivel tres, que le diagnosticaron en Solca, y del cual fue operado en
Cuenca: “las almitas en ese momento intercedieron por mí. Me
ayudan para que haya podido desempeñar esta labor por más de
40 años. El 2007 no puede estar porque me estaba reponiendo”.
Todavía no encuentra un reemplazo. Mariano Flores, el animero de
Aloguincho, realizó la procesión los dos primeros días (24 y 25 de
noviembre) en Puéllaro, pero Enrique asegura: “a la gente no le
gustó, no hizo lo que le dije, y pedían que yo regresara. Por eso
estoy aquí”.
Ha recorrido más de 30 cuadras. Y la campana vuelve a sonar con
la intención de que en ese momento, quien la escuche implore en
una oración: “por las almas del purgatorio que no han podido
ingresar por la puerta divina”. Solo una mujer de unos 30 años
responde al llamado desde una ventana. Enrique es consciente de
que los tiempos han cambiado. Que los jóvenes no están ligados a
las creencias. Que seguramente afectó que un programa televisivo
midiera la intensidad de manifestaciones paranormales en los
recorridos de los animeros de la zona, asegurando que eran
“altísimas”.
Lo cierto es que en Tucres, La Ciénega, El barrio de la piscina, La
Merced, El Parque Central y otros, solo se divisan sombras de las
casas. También un mendigo que es protegido por su perro y que
con incertidumbre ve pasar a Enrique. “Hay que tenerle más miedo
a los vivos que a los muertos” dice un adagio popular. Enrique
camina por la Panamericana y dos borrachos en una camioneta
casi lo sacan del camino: “Hola animero”, le gritan.
Casi es la 01:00. Enrique decide regresar. Se cambiará de ropa. A
pesar de la fuerza que lo mueve, el recorrido es para el ex obrero y
hoy jubilado una locura, un esfuerzo supremo. “No puedo retirarme
a medio camino, si no dejo a las almitas en su lugar, es que ellas
pueden castigarme”.
La dama tapada
Hace más de doscientos años en las calles apartadas de Guayaquil,
los trasnochadores veían la Dama Tapada.
Anoche vi a la Dama Tapada, contaba en una reunión de amigos, el
Fulanito.
Son puros cuentos, respondía el amigo con aires de valentón. Yo
nunca he tropezado con ella.
Nunca se la ve antes de las 12 de la noche, ni después de las
campanadas del alba, opinaba otro asistente a la reunión.
Según la leyenda, laTapada era una dama de cuerpo esbelto y andar garboso, que asombraba en los vericuetos de la ciudad y se hacía seguir por los hombres.
Nunca se supo de dónde salía. Cubierta la cabeza con un velo, sorpresivamente la veían caminando a dos pasos de algún transeúnte que regresaba a la casa después de divertirse. Sus
almidonadas enaguas y sus amplias polleras sonaban al andar y un
exquisito perfume dejaba a su paso.
Debía ser muy linda. Tentación daba alcanzarla y decirle una galantería. Pero la dama caminaba y caminaba. Como hipnotizado, el perseguidor iba tras ella sin lograr alcanzarla.
De repente se detenía y, alzándose el velo se enfrentaba con el que la seguía diciéndole: Míreme como soy... Si ahora quiere seguirme, sígame...
Una calavera asomaba por el rostro y un olor a cementerio
reemplazaba el delicioso perfume.
Paralizado de terror, loco o muerto quedaba el hombre que la había perseguido. Si conservaba la facultad de hablar, podía contar luego que había visto a laTapada
Hace más de doscientos años en las calles apartadas de Guayaquil,
los trasnochadores veían la Dama Tapada.
Anoche vi a la Dama Tapada, contaba en una reunión de amigos, el
Fulanito.
Son puros cuentos, respondía el amigo con aires de valentón. Yo
nunca he tropezado con ella.
Nunca se la ve antes de las 12 de la noche, ni después de las
campanadas del alba, opinaba otro asistente a la reunión.
Según la leyenda, laTapada era una dama de cuerpo esbelto y andar garboso, que asombraba en los vericuetos de la ciudad y se hacía seguir por los hombres.
Nunca se supo de dónde salía. Cubierta la cabeza con un velo, sorpresivamente la veían caminando a dos pasos de algún transeúnte que regresaba a la casa después de divertirse. Sus
almidonadas enaguas y sus amplias polleras sonaban al andar y un
exquisito perfume dejaba a su paso.
Debía ser muy linda. Tentación daba alcanzarla y decirle una galantería. Pero la dama caminaba y caminaba. Como hipnotizado, el perseguidor iba tras ella sin lograr alcanzarla.
De repente se detenía y, alzándose el velo se enfrentaba con el que la seguía diciéndole: Míreme como soy... Si ahora quiere seguirme, sígame...
Una calavera asomaba por el rostro y un olor a cementerio
reemplazaba el delicioso perfume.
Paralizado de terror, loco o muerto quedaba el hombre que la había perseguido. Si conservaba la facultad de hablar, podía contar luego que había visto a laTapada
Cantuña y el atrio de San Francisco
Hace muchos años, se construía el atrio de la Iglesia de San
Francisco, donde trabajaba un indígena llamadoCantuña,
responsable de terminar la obra. Pero el tiempo pasaba y el atrio no
se concluía. Cantuña fue amenazado con ir a prisión por no cumplir
el contrato.
Un día, cuando regresaba a su casa, de entre un montón de piedras salió un pequeño hombrecillo vestido todo de rojo, con nariz y barba muy puntiagudas.
Con voz muy sonora dijo:
- Soy Satanás, quiero ayudarte.
Yo puedo terminar el atrio de la iglesia antes de que salga el sol.
A manera de pago, me entregarías tu alma. ¿Aceptas?
Cantuña, que veía imposible terminar la obra, dijo:
- Acepto, pero no debe faltar ni una sola piedra antes del toque del
Ave María o el trato se anula.
- De acuerdo - respondió Satanás.
Miles de diablos se pusieron a trabajar sin descanso. Cantuña, que miraba muerto de miedo que la obra se terminaba, se sentó en un lugar y se dio cuenta de que ahí faltaba una piedra. Cuando tocó el Ave María, logró salvar su alma.
El diablo, muy enojado, desapareció camino al infierno.
Cantuña quedó feliz y el atrio de la Iglesia de San Francisco se
conserva hasta hoy en la capital del Ecuador.
Hace muchos años, se construía el atrio de la Iglesia de San
Francisco, donde trabajaba un indígena llamadoCantuña,
responsable de terminar la obra. Pero el tiempo pasaba y el atrio no
se concluía. Cantuña fue amenazado con ir a prisión por no cumplir
el contrato.
Un día, cuando regresaba a su casa, de entre un montón de piedras salió un pequeño hombrecillo vestido todo de rojo, con nariz y barba muy puntiagudas.
Con voz muy sonora dijo:
- Soy Satanás, quiero ayudarte.
Yo puedo terminar el atrio de la iglesia antes de que salga el sol.
A manera de pago, me entregarías tu alma. ¿Aceptas?
Cantuña, que veía imposible terminar la obra, dijo:
- Acepto, pero no debe faltar ni una sola piedra antes del toque del
Ave María o el trato se anula.
- De acuerdo - respondió Satanás.
Miles de diablos se pusieron a trabajar sin descanso. Cantuña, que miraba muerto de miedo que la obra se terminaba, se sentó en un lugar y se dio cuenta de que ahí faltaba una piedra. Cuando tocó el Ave María, logró salvar su alma.
El diablo, muy enojado, desapareció camino al infierno.
Cantuña quedó feliz y el atrio de la Iglesia de San Francisco se
conserva hasta hoy en la capital del Ecuador.
La caja ronca
En Ibarra se dice de dos grandes amigos, Manuel y Carlos, a los
cuales cierto día se les fue encomendado, por don Martín(papa de
Carlos), un encargo el cual consistía en que llegasen hasta cierto
potrero, sacasen agua de la acequia, y regasen la sementaría de
papas de la familia, la cual estaba a punto de echarse a perder. Ya
en la noche, muy noche, se les podía encontrar a los dos
caminando entre los oscuros callejones, donde a medida que
avanzaban, se escuchaba cada vez más intensamente el
escalofriante "tararán-tararán". Con los nervios de punta, decidieron
ocultarse tras la pared de una casa abandonada, desde donde
vivieron una escena que cambiaría sus vidas para siempre...
Unos cuerpos flotantes encapuchados, con velas largas apagadas,
cruzaron el lugar llevando una carroza montada por un ser temible
de curvos cuernos, afilados dientes de lobo, y unos ojos de
serpiente que inquietaban hasta el alma del más valiente.
Siguiéndole, se lo podía ver a un individuo de blanco semblante,
casi transparente, que tocaba una especie de tambor, del cual
venía
el escuchado "tararán-tararán".
He aquí el horror, recordando ciertas historias contadas de boca de
sus abulitos y abuelitas, reconocieron el tambor que llevaba aquel
ser blanquecino, era nada más ni nada menos que la legendaria
caja ronca.
Al ver este objeto tan nombrado por sus abuelos, los dos amigos,
muertos de miedo, se desplomaron al instante. Minutos después,
llenos de horror, Carlos y Manuel despertaron, mas la pesadilla no
había llegado a su fin. Llevaban consigo, cogidos de la mano, una
vela de aquellas que sostenían los seres encapuchados, solo que
no eran simples velas, para que no se olvidasen de aquel sueño de
horror, dichas velas eran huesos fríos de muerto. Un llanto de
desesperación despertó a los pocos vecinos del lugar. En aquel
oscuro lugar, encontraron a los dos temblando de pies a cabeza
murmurando ciertas palabras inentendibles, las que cesaron
después de que las familias Domínguez y Guano luisa (los
vecinos), hicieron todo intento por calmarlos.
Después de ciertas discusiones entre dichas familias, los jóvenes
regresaron a casa de don Martín al que le contaron lo ocurrido. Por
supuesto, Martín no les creyó ni una palabra, tachándoles así de
vagos.
Después del incidente, nunca se volvió a oír el "tararán-tararán"
entre las calles de Ibarra, pero la marca de aquella noche de terror,
nunca se borrara en Manuel ni en Carlos. Ojala así aprendan a no
volver a rondar en la oscuridad a esas horas de la noche.
En Ibarra se dice de dos grandes amigos, Manuel y Carlos, a los
cuales cierto día se les fue encomendado, por don Martín(papa de
Carlos), un encargo el cual consistía en que llegasen hasta cierto
potrero, sacasen agua de la acequia, y regasen la sementaría de
papas de la familia, la cual estaba a punto de echarse a perder. Ya
en la noche, muy noche, se les podía encontrar a los dos
caminando entre los oscuros callejones, donde a medida que
avanzaban, se escuchaba cada vez más intensamente el
escalofriante "tararán-tararán". Con los nervios de punta, decidieron
ocultarse tras la pared de una casa abandonada, desde donde
vivieron una escena que cambiaría sus vidas para siempre...
Unos cuerpos flotantes encapuchados, con velas largas apagadas,
cruzaron el lugar llevando una carroza montada por un ser temible
de curvos cuernos, afilados dientes de lobo, y unos ojos de
serpiente que inquietaban hasta el alma del más valiente.
Siguiéndole, se lo podía ver a un individuo de blanco semblante,
casi transparente, que tocaba una especie de tambor, del cual
venía
el escuchado "tararán-tararán".
He aquí el horror, recordando ciertas historias contadas de boca de
sus abulitos y abuelitas, reconocieron el tambor que llevaba aquel
ser blanquecino, era nada más ni nada menos que la legendaria
caja ronca.
Al ver este objeto tan nombrado por sus abuelos, los dos amigos,
muertos de miedo, se desplomaron al instante. Minutos después,
llenos de horror, Carlos y Manuel despertaron, mas la pesadilla no
había llegado a su fin. Llevaban consigo, cogidos de la mano, una
vela de aquellas que sostenían los seres encapuchados, solo que
no eran simples velas, para que no se olvidasen de aquel sueño de
horror, dichas velas eran huesos fríos de muerto. Un llanto de
desesperación despertó a los pocos vecinos del lugar. En aquel
oscuro lugar, encontraron a los dos temblando de pies a cabeza
murmurando ciertas palabras inentendibles, las que cesaron
después de que las familias Domínguez y Guano luisa (los
vecinos), hicieron todo intento por calmarlos.
Después de ciertas discusiones entre dichas familias, los jóvenes
regresaron a casa de don Martín al que le contaron lo ocurrido. Por
supuesto, Martín no les creyó ni una palabra, tachándoles así de
vagos.
Después del incidente, nunca se volvió a oír el "tararán-tararán"
entre las calles de Ibarra, pero la marca de aquella noche de terror,
nunca se borrara en Manuel ni en Carlos. Ojala así aprendan a no
volver a rondar en la oscuridad a esas horas de la noche.
El padre Almeida
En esta historia se cuenta, como un padre el cual no era
precisamente el mejor debido a su mala conducta.
La leyenda cuenta que este padre, todas las noches salía a tomar
aguardiente, para salir tenía que subir en un brazo de la estatua de
Cristo, pero una noche mientras intentaba salir se dio cuenta que la
estatua lo regreso a ver y le dijo: ¿Hasta cuando padre Almeida? y
este le contesto "Hasta la vuelta" y se marchó. Una vez ya
emborrachado, salió de la cantina y se encontraba paseando en las
calles de Quito, hasta que pasaron 6 hombres altos completamente
vestidos de negro con un ataúd, aunque el padre Almeida pensó
que era un toro con el cual chocó y se desplomo, pero al levantarse
regreso a ver en el interior del ataúd, y ere él, el padre Almeida, del
asombro huyo del lugar. Se puso a pensar que eso era una señal y
que si seguía así podía morir intoxicado, entonces desde ese día ya
no ha vuelto a tomar y se nota en la cara de la estatua de Cristo
más sonriente.
En esta historia se cuenta, como un padre el cual no era
precisamente el mejor debido a su mala conducta.
La leyenda cuenta que este padre, todas las noches salía a tomar
aguardiente, para salir tenía que subir en un brazo de la estatua de
Cristo, pero una noche mientras intentaba salir se dio cuenta que la
estatua lo regreso a ver y le dijo: ¿Hasta cuando padre Almeida? y
este le contesto "Hasta la vuelta" y se marchó. Una vez ya
emborrachado, salió de la cantina y se encontraba paseando en las
calles de Quito, hasta que pasaron 6 hombres altos completamente
vestidos de negro con un ataúd, aunque el padre Almeida pensó
que era un toro con el cual chocó y se desplomo, pero al levantarse
regreso a ver en el interior del ataúd, y ere él, el padre Almeida, del
asombro huyo del lugar. Se puso a pensar que eso era una señal y
que si seguía así podía morir intoxicado, entonces desde ese día ya
no ha vuelto a tomar y se nota en la cara de la estatua de Cristo
más sonriente.
La fundación indígena de Quito
Leyendas cuentan que hace muchísimos años, en una noche clara, los habitantes del pueblo Cochasquí vieron caer una estrella. Tuvieron miedo y corrieron hacia al palacio del rey para contarle el acontecimiento. El rey, que también era un sacerdote y un brujo, pidió que se calmaran y que estuvieran pacientes. Quería arreglar las cosas con los dioses. Tomó un vaso de chicha (una bebida de diferentes especies de maíz) y recitó un conjuro. Bebió la chicha hasta caer en sopor. Cuando se despertó, el rey reunió la gente de la comunidad para compartir su visión con ellos. "Los dioses no están enfadados con nosotros", dijo, "pero quieren que dejemos este lugar para irnos a una tierra que es más rica, fértil y bonita. Tenemos que seguir los señales de esta estrella cayente. Donde se cae, tenemos que encontrar nuestra nueva ciudad. " Entonces siguieron al rastro de la estrella hasta que llegaron al pie del volcán Pichincha. Esto fue el lugar donde fundaron su nueva ciudad. Construyeron chozas, plantaron sus cultivos y hicieron templos para el sol y para la luna. Esto fue el inicio de lo que hoy en día es la ciudad de Quito.
Leyendas cuentan que hace muchísimos años, en una noche clara, los habitantes del pueblo Cochasquí vieron caer una estrella. Tuvieron miedo y corrieron hacia al palacio del rey para contarle el acontecimiento. El rey, que también era un sacerdote y un brujo, pidió que se calmaran y que estuvieran pacientes. Quería arreglar las cosas con los dioses. Tomó un vaso de chicha (una bebida de diferentes especies de maíz) y recitó un conjuro. Bebió la chicha hasta caer en sopor. Cuando se despertó, el rey reunió la gente de la comunidad para compartir su visión con ellos. "Los dioses no están enfadados con nosotros", dijo, "pero quieren que dejemos este lugar para irnos a una tierra que es más rica, fértil y bonita. Tenemos que seguir los señales de esta estrella cayente. Donde se cae, tenemos que encontrar nuestra nueva ciudad. " Entonces siguieron al rastro de la estrella hasta que llegaron al pie del volcán Pichincha. Esto fue el lugar donde fundaron su nueva ciudad. Construyeron chozas, plantaron sus cultivos y hicieron templos para el sol y para la luna. Esto fue el inicio de lo que hoy en día es la ciudad de Quito.
El gallo de la catedral La rutina de un hombre rico era de comer un desayuno opíparo,
dormir una siesta, vestirse y luego pasear por la Plaza de la
Independencia. Cuando un día pasó la catedral, miró hacia
arriba y miró al gallo de metal sobre el domo, dijo: "¡Los gallos
no valen para nada, ni éste de la catedral!" Después caminó a la
tienda de la Señora Mariana para beber algunas mistelas
(bebidas alcohólicas con sabores diferentes). Al volver, otra vez
miró hacia al gallo, esta vez más efusivo por el alcohol que
tomó. Una noche, cuando regresó desde la tienda de la Señora
Mariana, sintió una garra en su pierna. Se sintió atrapado y oyó
al gallo decir: "¡Promete que nunca más vas a beber alcohol!"
"¡Promete que nunca más vas a insultarme!"
"¡Levántate y haz tu promesa!!!"
El hombre respondió:
"¡Prometo, no voy a beber ni agua!" "¡Prometo, nunca más voy a mencionarte!" "¡Perdóname! Perdóname!" Así se cumplió la misión y el gallo volvió al más alto del domo.
El hombre respondió:
"¡Prometo, no voy a beber ni agua!" "¡Prometo, nunca más voy a mencionarte!" "¡Perdóname! Perdóname!" Así se cumplió la misión y el gallo volvió al más alto del domo.
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